Primera Lectura (Cant 2,8-10.14.16a; 8,6-7a)
Lectura del Cantar de los Cantares.
“La voz de mi Amado. Mirad: Ya viene, saltando por los montes, brincando por las colinas; Mi Amado es una gacela, es como un cervatillo. Mirad: se ha parado detrás de mi tapia; atisba por las ventanas, observa por las rejas. Mi Amado me habla así: “¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí! Paloma mía, que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del barranco, déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz, y es hermosa tu figura”. Mi amado es para Mí y yo para Él. Ponme como sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque el amor es fuerte como la muerte; el celo, obstinado como el infierno. Sus saetas son saetas de fuego. Las grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos arrastrarlo.”
Salomón, el hombre más sabio que existió en la Tierra (1ra de Reyes 3;12), es tocado por la gracia del espíritu santo y es capaz de crear tan hermoso pasaje que relata con las palabras más certeras el verdadero sentimiento del amor. Un amor natural, puro y fuerte que jamás encontraremos en la tierra, el amor del Señor. Así como relata el Rey de Israel, el amor es fuerte como la muerte, inagotable e incansable, es el sentimiento mas puro que pueda alcanzar el corazón humano, es la energía más grande del alma.
El amor puede venir en muchas presentaciones. Conocemos desde nuestro nacimiento el gran amor de una madre, que da la vida por su hijo; experimentamos a lo largo de la vida el amor de hermanos, de amigos, el casi extinto amor del prójimo, el amor físico, el amor espiritual, el amor de pareja y el amor de Dios. Todos ellos si verdaderamente somos afortunados. Pues la verdad hoy no vengo mas que a recordarles de la existencia de ese amor, no importa su naturaleza, que podemos llegar a sentir, ese amor duradero como el oro mismo, dulce como el nectar de las flores, más alto que cualquier montaña y más grande que el mismo universo.
Y precisamente el amor perdura gracias a la existencia de esa fuerza vivaz que debemos acompañar del compartir. Un tema difícil el compartir , especialmente si el corazón se niega. Mi llamado queridos lectores, esta vez se trata sobre la preservación del amor, de ese amor que se extingue como llama sin combustible que necesita de un cuidado superior. El compartir precisamente es una herramienta diaria que debemos aplicar en esta preservación del amor, por mucho que resulte difícil debemos aprender a confiar y a compartir con la persona que hemos elegido para ser nuestro “compañero de alma”.
De repente, en el camino del amor, nos podremos encontrar con un enemigo, los celos, que representan un capricho, una respuesta ante la amenazada de perder algo que es valioso para nosotros. El celo, es obstinado como el infierno, relata Salomón, las saetas del amor son saetas de fuego, el castigo del celo viene desde el dolor del alma, de una ruptura incontenible del ser, de esa confianza quebrantada. Siempre debemos cuidarnos del celo, porque este es una copa del destino que debemos evitar tomar, en poco tiempo puede destruir lo que ha tomado años en construirse.
Siempre debemos recordar que “Las grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos arrastrarlo” por tanto el amor, por mucho que venga adjunto al dolor, debe atarse al perdón y a la confianza en el otro, al vivir y conocer el ser de la persona a quien nos entregamos, al servicio de esa alma, que nos complementa en en el gran rompecabezas de la vida.
El Amor es una fuerza irrefrenable y por eso duele al perderlo.
Siempre suya,
Lynx Orionis.












