“Símbolo de un amor que desborda los conceptos humanos”

Así es como Jimmy Wales en su enciclopedia libre en línea describe la majestuosidad que Los Amantes de Teruel, majestuosa de pieza esculpida por Juan de Ávalos, representan sobre la tumba de dos que se aman en el más allá. Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla, también conocido como Diego, son, según la leyenda dichos  enamorados que llevaron más allá las leyes de Dios y se aman en el paraíso. En este poblado de España, Teruel, se celebra anualmente dentro de las festividades, las bodas de Isabel de Segura, en la cual las gente viste y decora con atuendos relativos al siglo XVIII en honor a estos amantes.

“Camino que serpentea entre tornillos y espliegos, camino que ven sus ojos todos los días desierto, mira que Isabel muere de anhelo, mira que el plazo termina y no viene el caballero. Que no cierre el centinela la puerta de sus desvelos, que no duerma en las almenas el vigía, que Don Diego ha de llegar galopando hacia unos brazos abiertos”.

L. Brien

A mediados del siglo XV, las momias dentro de la Capilla de San Cosme fueron descubiertas y se contrató al creador de una de las figuras más representativas del arte español, Juan de Ávalos, para que creara esta magnifica pieza sobre sus tumbas. Las manos de estos amantes jamás llegan a tocarse, expresando de esta maneras la frialdad perpetua del “nunca estar juntos” que bien corazones como el de mi amado William saben explicar y comprender.

Como gesto idílico y casi hasta redundante, pero siempre cierto en las historias de amor, la familia de Isabel no quería aceptar su amistad y por tanto su amor hacia Juan, debido a su falta de bienes. En vista de ello, el joven pide un plazo para enriquecerse y obtener fama y prestigio en las batallas de tierras lejanas. El joven se ve obstaculizado y tarda más de lo esperado y escuchando en lo lejano las campanas que avisan que su amada es desposada por otro caballero elegido por su familia cabalga sin cansancio para verse otra vez con Isabel y de esta manera pedirle aunque fuese aquel beso que su alma siempre ansió y jamás obtuvo. Debido a las costumbres de su época, ella le niega su petición ya que pertenecía a otro hombre y el corazón de Juan abatido por el destino deja de latir ya que jamas sus latidos tendrían sentido si no son para su amada.

Cuentan que durante los servicios de este joven, una mujer dolida, con lágrimas en sus ojos, se acercó al féretro dándole un beso prohibido y la amargura de la pérdida tiñó sus labios de morado y la vida se le fue de sus ojos, muriendo de amor junto a él como lo hizo Romeo junto a su Julieta, muriendo juntos para permanecer así hasta el día de hoy. En la actualidad la pieza de encuentra en la Iglesia de San Pedro en Teruel, un lugar que definitivamente, deberíamos contemplar antes de morir.

Si hay algo que jamás debemos olvidar al escuchar estas historias que tan frecuentemente tienen hilos semejantes, es que el hombre siempre ha querido remarcar en la historia lo increíble que es la fuerza del amor, lo mucho que luchamos para alcanzarlo, los obstáculos que traspasamos, esos enormes sacrificios que hacemos, tanto es lo que hacemos por las cinco letras ardientes de amor en nuestro corazón, que tal vez no sea fantástico, idílico, tan artístico como estas historias que se han convertido en un cliché de nuestra civilización, pero si bastante verdadero y latente.

Siempre suya, Lynx Orionis.

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