La Pieta di Michelangelo

La pieza magnífica de Miguél Ángel a finales de los 1400, destaca el misterio oculto dentro de las piezas <<No creadas por manos Humanas>>.

El poder que encontramos en las obras, creadas por las manos del afamado pintor y escultor italiano Miguel Ángel perteneciente al movimiento renacentista, es conocido ampliamente por el mundo. Desde “La Creación de Adán” a “El David“, los hombres reconocen sus obras y las atesoran como piezas sin iguales. En particular, La Pietà representa a una Joven Virgen María con su Hijo, que ha pagado el precio del pecado con su muerte, entre sus brazos, encendiendo un fuego de realidad inapagable, invitando a la reflexión. Se destaca en la pieza la notable juventud de la Virgen incluso, menor que la de su propio hijo; cuando Miguel Ángel mismo recibió la pregunta del por qué, respondió “Las personas enamoradas de Dios nunca envejecen”, por consecuencia esta característica fue agregada conscientemente.

No sólo el rasgo juvenil fue agregado como un simbolismo de hombre creyente sino del idealismo renacentista, una juventud perenne y una belleza inacabable, manifestando su  evolución artística y espiritual. Otra curiosidad de la pieza, es su unicidad, ya que es la única pieza conocida que está firmada por el artista. Esto se debe a que en momentos de su realización el creador aún era un hombre joven, por tanto, los artistas de la época dudaban su talento y de la autenticidad de la pieza, en consecuencia, en un ataque de cólera tomo un cincel grabando en latín sobre una banda en el pecho de la Virgen “Michael Angelus Bonaroutus Faciebati” que se traduce como “Miguel Ángel Buonarroti lo hizo”.

La pieza actual, no es en su totalidad la finalizada por su autor, ya que la imagen sufrió un atentado por un trastornado quien destruyó el rostro de la Virgen y debió ser reformada a mediados de 1972.  A pesar del ligero cambio que sufrió la impactante pieza, su expresividad continua, es notable la limpieza en sus detalles: las venas alteradas de un Jesús desahuciado, los pliegues de las manos, la corporeidad de los ropajes  y los detalles en los rostros.  Es notable el desfallecimiento en el cuerpo inerte del Salvador y la delicadeza en la mano de su madre que le sustenta.

Prácticamente, este maravilloso escultor nos traslada a otra época, maravillándonos, haciéndonos creer que, de alguna forma u otra, hay personas cubiertas por un manto gris debajo de su arte. Transmitiendo esas sensaciones de dolor, paz, amor, que llegan a lo profundo de nuestros corazones. La preciosidad, y por poco, la perfección con que la gala de detalles crea una gama de sensaciones, hacen de esta maravillosa pieza una <<No creadas por manos Humanas>>.

 

Siempre suya, Lynx Orionis.

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