Resumen: Veronika decide morir. Paulo Coelho.

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Lo cierto es que muchas reseñas comienzan “Veronika es una joven que tiene los mismos sueños y deseos que cualquier persona de su edad”, en mi humilde opinión, Veronika está lejos de ello. El autor no especifica el grupo etario, pero implica “juventud”. Y aunque de estereotipos está lleno el mundo, especialmente de algunos como “los jóvenes quieren amor, éxito, libertad, libertinaje, verlo todo, facilidades, vicios, dinero”, realmente todos los jóvenes tienen algo en común: Ninguno ama la rutina.

El libro de Coelho galardonado y alabado por miles de personas y organizaciones trata exactamente sobre su título: Veronika, una joven de Ljubljana (Eslovenia), que un 11 de noviembre de 1997 decidió matarse. Ella dice no estar deprimida, es guapa, tiene un trabajo estable, no tiene amor, pero no le faltan pretendientes, creció sin mayores sobresaltos ni emociones y cree haber vivido todo lo que se puede vivir, aunque visiblemente no es feliz. La pasión con la que Veronika se entregó a la monotonía le impide ver las opciones de la vida. El suicidio no fue una decisión que tomó súbita o arbitrariamente, lo planeó con bastante antelación, lo suficiente para conseguir cuatro cajas calmantes. No quería atormentar a sus padres con una muerte desastrosa: tirarse de un edificio, dispararse, cortarse las venas en la tina, sería muy dramático. Su final sería sencillo y poco escandaloso, tomaría las pastillas y esperaría la muerte. Lo que no planeó fue el tiempo que le tomaría en hacer efecto.

Se encontraba ahí, esperando demasiado para morir, asustada de que pudiera sentir un deseo de vivir a última hora. Irónico como la vida. Miró por la ventana, pero el tiempo pasaba lento. Tomó una revista y encontró un artículo que le llamó la atención, titulaba ¿Dónde está Eslovenia? Se sintió ligeramente ofendida ¿Cómo alguien titularía un artículo de esa manera? Si nadie sabía dónde estaba Eslovenia, mucho menos sabrían qué era Ljubljana. Llena de incertidumbre decidió escribir una carta para esa revista y responder donde estaba Eslovenia, se preguntó si las personas pensarían que esa fue la razón por la que se suicidó y se divirtió pensando en la agitación que su decisión causaría.

“Como no sabía exactamente cuánto tiempo tardaría en perder la conciencia, se había llevado a la cama una revista francesa, HOMME, número de aquel mes, recién llegada a la biblioteca donde trabajaba.”

Sin embargo, para cuando terminó, las pastillas empezaban a dar efecto: nauseas, cólicos y miedo. No a la muerte sino a lo desconocido. Perdiendo la conciencia pensó que todo había terminado, pero poco tiempo después despertó y el dolor le hizo saber que no había muerto. Despertó “con dos pies en el Infierno” como le llamó la enfermera, Villete: el temido Hospital Psiquiátrico. Allí a través de los doctores se entera que le quedan pocos días de vida, no más de una semana, ya que “su intento de suicidio había ocasionado daños irreversibles e irreparables a su corazón”.

El tiempo que pasó en Villete fue valioso. Veronika conoció a Zedka y a Mari, las cuales se convertirían en sus amigas. Ella le pide ayuda a Zedka para conseguir más pastillas para lograr su objetivo y ésta le habla sobre de la “Fraternidad” (a la cual pertenece Mari) que era un grupo de personas completamente cuerdas que podrían haber salido de Villete pero que preferían permanecer allí, ya que en ese lugar no tenían que preocuparse por los problemas de la vida cotidiana, era un lugar en donde podían hacer lo que querían, sin nada que ocultarle a los demás, sin preocuparse por lo que los demás podrían pensar o decir puesto que al fin y al cabo todos eran locos.

Las experiencias de vida de Zedka y Mari, permiten a Veronika reflexionar sobre los sentimientos y emociones que jamás se había permitido: odio, miedo, curiosidad, amor, sexualidad y sus verdaderos deseos de vivir. Una noche clara siendo incapaz de dormir, decidió salir a caminar. En la sala de recreación había un piano y desatando sus emociones empezó a tocarlo fuertemente. Un espectador se acercó a escuchar la melodía que de sus dedos emanaba, era Eduard, el “esquizofrénico” que cambiaría su vida.

Estos tres personajes serán un dulce encuentro en la amarga vida de Veronika y a la vez, su contacto con la joven (quien representa la muerte) les enseña a vivir sin cobardía, aceptando retos y sin necesidad de seguir las reglas de la sociedad, recordándoles que a veces debemos hacer locuras y apreciar el milagro de la vida. Ellos le muestran a Veronika, que durante toda su vida ella vivió tratando de mantener una imagen de sí misma ante la sociedad y sus amigos, una digna de imitar y envidiar. Había desperdiciado su energía para mantenerla y había olvidado ser ella misma: su vida era siempre igual era porque así ella lo quería.

“Pero el ser humano es así -se consoló -. Sustituye una gran parte de sus emociones por el miedo”.

Tantas veces llegaba el ocaso Veronika sentía como se deterioraba su salud. Eduard encontraba un lugar en su corazón con una mirada inocente y expectante cada noche junto al piano. El día que pensó que iba a morir, se presentó en el consultorio del Dr. Igor (el psiquiatra de cabecera) para pedirle que le diera una pastilla o medicamento que le ayudara a estar despierta todo el día a fin de aprovecharlo y hacer todo lo que nunca había hecho. Él le responde que no puede hacer eso, que se dirija a dormir para alcanzar una muerte tranquila pero Veronika, enamorada de Eduard, escapa de Villete junto a él y ésa noche mientras cenaban en un restaurante, escuchó la historia de su vida: su familia, María y la pintura.

Caminaron por las calles, subieron a una colina y agradeció a Eduard por darle sentido a su vida, lo abrazó y le pidió a Dios que se la llevara en ese momento. Los dos se quedaron dormidos y al despertar, se dieron cuenta que había ocurrido un milagro, pues todavía estaba viva.

Un enfermero se acercó al consultorio del Dr. Igor y le dijo que dos internos se habían escapado. Secretamente él había decidido tratar a Verónica de su “envenenamiento por Vitriolo”, la amargura, aquella sustancia con la que la gente moría lentamente, que ocasionaba en ellas un abandono de la lucha por la felicidad en la vida. Lo haría a través del temor que resultaba en el interior de los pacientes ante la idea de que pronto iban a morir. Ella había recibido unas inyecciones que simulaban los efectos de los ataques cardíacos de manera que tuviese tiempo de pensar y repasar su vida.

El Dr. Igor concluye en su tesis que “la conciencia de la muerte” nos hace revalorar la vida impulsándonos a vivirla plenamente y a agradecer cada uno de los días en que despertemos. Además, concluyó que el efecto es contagioso puesto que logró salvar a Mari del Síndrome de pánico y a Eduard de la esquizofrenia. A Veronika le había dado conciencia de la vida y de la muerte, y esto la hizo sentirse viva y disfrutar cada uno de los días, jamás intentaría suicidarse de nuevo. Él sabía que ella lograría sobrevivir, y tal vez viviría por mucho tiempo, ya que nunca estuvo enferma del corazón.

Cada segundo de la existencia del hombre es resultado de la opción que tomamos entre la alternativa de seguir adelante o abandonar, una elección entre la vida y la muerte. Coelho pretende hacer entender a través de la historia de Veronika a todos aquellos que no se ajustan a los patrones de la sociedad que están viviendo la vida de una buena manera, ser auténticos los hace verdaderamente felices, verdaderamente vivos. Básicamente la novela nace con el objeto de enseñarnos a revalorar y aprender a apreciar la vida.

“La locura es la incapacidad de expresar las propias ideas”.

Paulo Coelho no está en la lista de mis autores predilectos, sin embargo, agradezco compartir la historia de su vida a través de Veronika, y hacer de sus lectores personas más confiadas en el principio de vivir la vida en su pleno sentido, de luchar por la felicidad para  sentirnos realmente vivos. No dejen que el vitriolo se apodere de ustedes, pero recuerden siempre que la libertad no va de la mano con el libertinaje. Cambiando la frase de Bolívar: un individuo sin sueños, es un ser incompleto.

Siempre, Lynx.

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