Choroní: Pequeño Poblado, Hermosos Paisajes.

En las faldas de la cordillera de la Costa de mi tierra bella, se encuentra este poblado del Municipio Giradot, Estado Aragua. Para llegar a él, se debe atravesar el Parque Nacional Henri Pittier, lleno de hermosos paisajes, bambúes, helechos  y arboles altos, es decir, hermosos parajes de selva y elementos naturales inigualables, aunque su belleza y su historia, se remontan al siglo XVII y a una publicación especial.

Choroní, en los tiempos del libertador, era un puerto pesquero habitado por hacendados ricos que vivían en casas amplias y confortables, encargados de la exportación de cacao, café y otros productos agrícolas. Las familias caraqueñas siempre tenían presente al cacao de estos lugares por su agradable sabor y delicioso aroma. Sin embargo, el cacao de Chuao, poblado vecino, está considerado como el mejor del mundo.

La exuberante vegetación del poblado y su río, que desciende con numerosos saltos de agua siguiendo la ruta de la vía principal del poblado que le atraviesa. Esta selva tropical, revestida con miles tonos de verde y el incesante ruido de la naturaleza, termina en una explosión de color en sus calles, casas y ventanales. Continuada a través de Puerto Colombia con diversas espléndidas y celestiales playas que se prestan al turista para su elección y preferencia.

La playa que cautivó mis sentidos y permitió que viviese la “realidad intensamente” apreciando los regalos de Dios, fue la playa Uricao. Desolada y llena de grandes paisajes, esta costa, azotada por las olas fuertes que trae el mar, está provista de un río, el cual abre su cause al vasto océano y puede observarse como cae de la montaña desde ciertos ángulos. Así también numerosos animales pequeños de vida silvestre habitan en el manglar al final de este río y la arena, blanca como blancas son las motas de algodón que poblan los cielos, es campo de batalla para los pequeños cangrejos que se debaten por los agujeros en ella.

 Una ondeante bandera venezolana se encuentra en la orilla de la playa recordando a sus visitantes que ésta tierra de Bolivar, es tan rica como las perlas que llenan sus aguas.

Fotografías: https://twitter.com/mariangel_ferre

Siempre de Uds, Lynx Orionis.

Arenas Nómadas, Pequeño Desierto: Médanos de Coro.

Dentro del Estado Falcón, en la vía de acceso a los mares y bondades de Paraguaná, se encuentra éste trozo de desierto que reside en nuestro esplendoroso país: Los Médanos de Coro. El Parque Nacional, decretado en 1974, no por falsedad es denominado “las arenas nómadas”, sus dunas, se desplazan con el viento como resultado de la erosión eólica sobre las rocas que antes existían allí, transformadas en arena suave y seca, cálida como el sol indolente que se refleja en ella todo el día. Arena que  traviesa, se cuela por los atuendos hasta lugares inaccesibles, pero que sin embargo, es muestra de un hermoso paisaje árido que huyó del medio oriente para enamorarse de nuestras costas. De vegetación escasa, basada en tunas, cardones y cactus, en su extremo norte tiene costas fangosas que parecen espejismos acuosos en las épocas de sequía y que son realmente bañados por el agua cuando llueve.

En ocasiones, puede observarse entre las dunas antiguas calzadas de la época precolombina en dirección hacia los puertos pesqueros cercanos a la población. Así también, en medio del parque se encuentra una entrada hacia la capilla de “Ánimas de Guasare” donde los conductores de la localidad y la población creyente en general se detiene a rezar por las ánimas o almas de personas que murieron hacia los años 1600 cuando se trasladaban a pie en busca de agua. Como todo en nuestro hermoso país, los médanos no se salvan de la siempre amada por mí, historia. En particular, me agrada la de éstos Médanos que explica el por qué de los lamentos que lleva el viento durante la noche.

Dícese por ésta leyenda que los indios caquetíos del cacique Manaure vagan sin descanso en éste monumento a causa de la traición y el martirio que sufrieron a manos de los conquistadores.

Este Cacique tenía grandes poderes mágicos y era capaz de someter a los truenos, rayos y hasta la misma lluvia, así también, era el único de su población conocedor de éstos parajes y a pesar de sus grandes exigencias, como evitar el contacto de sus pies con el suelo; gobernaba con extraordinaria justicia y compasión a los suyos.

Durante la invasión española, en modo de evitar que su pueblo fuese sometido recurrió a Don Juan de Ampíes, fundador de Santa Ana de Coro, para hacer un pacto de paz y mestizaje. Sin embargo, la capitanía general española, rompió dicho pacto y obligaron al Cacique a abandonar su poblado, presas de éstos sedientos hombres que les dejaron morir solos y sin guía en la aridez de su entorno. Se cuenta entre la población, que durante altas horas de la noche, pueden verse sombras entre las arenas y escucharse llantos ocultos por el viento.

Las dunas de éste parque nacional son una de las representaciones naturales más importantes del paisaje venezolano y se han convertido en parada obligatoria para los turistas que se divierten ascendiendo, hasta 40 metros de altura que pueden llegar a tener los mismos (rasgo fisiográfico único en Venezuela), para luego dejarse caer.

Fotografías: https://twitter.com/mariangel_ferre

Siempre de Uds, Lynx Orionis.